N.º 02 · Máquinas que juegan
La primera IA era un señor escondido en una caja | El Turco (1770)
En 1770, Wolfgang von Kempelen le presentó a la emperatriz María Teresa una máquina que jugaba al ajedrez y ganaba. Durante décadas asombró a Europa y América. El truco: adentro del mueble se escondía un ajedrecista de carne y hueso. En 2005, Amazon bautizó "Mechanical Turk" a su plataforma de microtareas humanas.
La pieza, en texto
La primera inteligencia artificial de la historia era un señor escondido en una caja.
En 1770, en Viena, Wolfgang von Kempelen le presentó a la emperatriz María Teresa una máquina que jugaba al ajedrez: un muñeco vestido de turco, sentado frente a un tablero. Y ganaba.
Durante décadas recorrió Europa y América. Según se cuenta, le ganó hasta a Napoleón.
Pero no pensaba. Adentro del mueble, a la luz de una vela, se escondía un ajedrecista de carne y hueso que movía el brazo del turco.
En 1854, un incendio en Filadelfia lo destruyó.
En 2005, Amazon bautizó Mechanical Turk a su plataforma de microtareas: personas haciendo, a mano, el trabajo que parece de las máquinas.
La jugada se llama celada: una trampa disfrazada de jugada normal.
La pregunta no es si las máquinas piensan. Es quién está adentro de la caja.
La historia completa
El Turco: ochenta años de secreto y un desmayo en Baltimore
En 1827, en Baltimore, hacía tanto calor adentro del mueble que el ajedrecista escondido se desmayó y tuvo que salir. Se llamaba William Schlumberger y era el operador principal del Turco en su gira norteamericana. Dos adolescentes lo vieron y le llevaron la historia a un diario local. Casi nadie les creyó, y la función siguió como si nada.
Una promesa a la emperatriz
Todo había empezado con una apuesta de orgullo. En 1769 un ilusionista francés actuó en el palacio de Schönbrunn, y Wolfgang von Kempelen le prometió a la emperatriz María Teresa que volvería con algo mejor. Volvió en 1770 con una figura de tamaño natural, de barba negra, túnica y turbante, sentada detrás de un gabinete con un tablero encima.
El número tenía su ritual. Antes de cada partida Kempelen abría las puertas y el cajón del mueble para que el público revisara los engranajes. Después invitaba a un rival. El Turco jugaba con blancas, asentía con la cabeza cuando daba jaque y, si el otro hacía una jugada ilegal, devolvía la pieza a su lugar.
Lo que había adentro
Los engranajes eran decorado. El operador se sentaba en un asiento corredizo que le permitía cambiar de posición mientras se abrían las puertas, una por una. Las piezas tenían imanes, y debajo del tablero, con las casillas numeradas del 1 al 64, él seguía la partida desde abajo. Movía el brazo de la figura con un pantógrafo, y trabajaba a la luz de una vela cuyo humo salía por el turbante.
No se sabe quiénes jugaron para Kempelen. De la etapa posterior sí quedaron nombres, varios de ellos maestros conocidos de su época.
Lo que el short simplifica
El video dice «y ganaba», y es cierto en general: ganó la mayoría de sus partidas. Pero perdió, por ejemplo, contra Philidor en París, en 1783.
Lo de Napoleón es más resbaladizo. Hay un encuentro en Schönbrunn en 1809, pero los relatos se contradicen entre sí y varias de las versiones más pintorescas se consideran probablemente apócrifas. Por eso la pieza lo cuenta con un «según se cuenta».
Tampoco fue una sola gira. Kempelen mostraba la máquina de mala gana y la consideraba una pavada frente a sus otros trabajos. Murió en 1804. Al año siguiente su hijo se la vendió a Johann Mälzel, que la convirtió en espectáculo y en 1826 la llevó a Nueva York. En 1836 Edgar Allan Poe la vio y escribió un ensayo para demostrar que adentro había una persona. Tenía razón en eso y se equivocó en casi todo el cómo.
El final
Mälzel murió en 1838 y el Turco terminó en manos de un médico de Filadelfia, John Kearsley Mitchell, que lo compró con un grupo de socios. La noche del 5 de julio de 1854 un incendio que empezó en un teatro vecino alcanzó el museo donde estaba guardado. Tres años después, el hijo de Mitchell publicó en una revista de ajedrez la explicación completa. El secreto se contó recién cuando ya no quedaba nada que proteger.
La caja de 2005
En 2005 Amazon lanzó una plataforma donde empresas publican tareas mínimas y personas las resuelven por una paga chica: transcribir un audio, describir una imagen, copiar los datos de un recibo. La llamó Mechanical Turk, y Jeff Bezos definió la idea como «inteligencia artificial artificial».
Buena parte de ese trabajo consiste en etiquetar los datos con los que después se entrenan los sistemas automáticos. Un estudio de 2017 citado por IEEE Spectrum calculó una mediana de unos dos dólares por hora.
La jugada
Una celada es una trampa disfrazada de jugada normal: funciona porque el rival mira lo que le muestran. El Turco fue eso durante décadas. Abrir las puertas era parte del engaño, porque nadie sospecha de una caja que le dejan revisar.
La diferencia con 2005 es que Amazon puso el truco en el nombre. Por eso la tesis de la pieza no discute si las máquinas piensan. Propone otra costumbre: cada vez que algo parece funcionar solo, preguntar quién está adentro de la caja.
Datos verificados
Lo que la pieza afirma como hecho, con la fuente contra la que se contrastó antes de publicar.
- Kempelen, 1770, Schönbrunn, ante María Teresa — Wikipedia/Standage, Jefferson Magazine
- Figura vestida de turco frente a un gabinete con tablero; ganaba la mayoría (perdió con Philidor) — Wikipedia
- Recorrió Europa y América “durante décadas” (no 84 años de gira) — Wikipedia
- Ajedrecista humano adentro, vela, movía el brazo (pantógrafo) — Wikipedia, Jefferson Magazine
- Incendio en Filadelfia, 5/7/1854 — Jefferson Magazine
- Amazon Mechanical Turk, 2005, nombre alusivo; microtareas humanas (HITs) — Pew, IEEE Spectrum